Posties: Fidelidad y Lealtad
Recomendación pertinente: haber leído antes el articulo acerca del beso.
En un ejercicio de arbitrariedad, falacia y al parecer también de acuerdo global, la mayoría sociedades occidentales plantean el concepto de fidelidad de una manera un tanto sintética. La fidelidad como es entendida en la mayoría de los contextos involucra en un conjunto indisoluble los conceptos de lealtad y exclusividad monogámica compulsiva.
Al hacer un voto de fidelidad las personas le prometen a su contraparte una soberanía inquebrantable sobre varios aspectos que al carecer de parámetros rigurosos me resultan incategorizables. En mi manera de verlo cada quien es dueño de sus sentidos y no dejaría que, por ejemplo, la mujer con la que me fuera a comprometer me hiciera prometer que no volvería a comer helado de vainilla en la vida sólo porque a ella le guste mas el de chocolate.
No es que yo promueva la promiscuidad o la poligamia, pero si no lo hago es más por razones higiénico-sanitarias, de tiempo/atención y hasta económicas. El cuerpo (entiéndase como porción material) de una persona no puede, ni debería pretenderse escriturarse a nadie por acuerdo (convención), como trataré más adelante debería ser un asunto de convicción. Cómo expliqué en mi artículo acerca de los besos, me parece mucho mas infiel quien dá un beso en la mejilla lleno de sentimiento, que quien contrae sexo ocacional en estado de embriaguez. La “profundidad” de la infidelidad está en la asociación psicológica y no en el acto material.
Dentro de lo usual fidelidad es un concepto tan poco paramétrico que prefiero usar el término lealtad: es mas aprehendible, se entiende mas facil y sirve para hacer un ejercicio de objetividad respecto a la fidelidad. La fidelidad, tratada de una manera no rigurosa, normalmente se asocia con las relaciones de pareja la lealtad tiene un campo de acción que puede extenderse a prácticamente todas las relaciones interpresonales del hombre, tanto que se habla de la lealtad incluso de los animales.
En teoría no estoy muy de acuerdo con los puntos de compromiso (“pedir el cuadre”, “comprometerse con alguien”) sin embargo me parece que funcionan como puntos clave en los cuales se reconfiguran los sistemas de expectativas. Si no se tiene claro el sistema de expectativas ajeno, la lealtad es inviable.
Desde el punto e vista pragmático gracias opino que en las relaciones (entiendase relación, no como de pareja, sino como cualquier tipo de relación: amistosa, laboral…) el rótulo debe derivar del comportamiento y no al revés. Desde ese mismo orden de ideas no estoy de acuerdo tampoco con que las reglas de fidelidad se apliquen de diferente forma a las diferentes entidades sociales. Un amigo, por ejemplo, puede tener una infinidad de amigos extra pero sólo empieza a ser infiel cuando empieza a restar tiempo y atención dedicada a uno para dársela a otras personas. Este modelo es aplicable también a las relaciones de pareja aunque no niego que hay asuntos que hacen a la poligamia menos viable, asuntos que ya mencioné. En un sentido riguroso del término, la fidelidad sólo debería entenderse como la satisfacción permanente del sistema de expectativas.
“Si le pone los cachos es porque no lo quiere” Yo pienso que la monogamia emocional es un modelo idealizado y que una persona perfectamente puede amar a 2 personas al mismo tiempo con intensidades similares. De hecho es más probable que “si le pone los cachos es porque no le basta”. Aunque hay que tener en cuenta tambien la multiplicidad de los factores suplibles en una relación y no dejar todo en la escala abstracta y no-paramétrica de la variable amor.
Esta interpretación no debe leerse como una inducción a la poligamia, sino una inducción a la objetividad del juicio. La infidelidad no está en la multiplicidad sino en faltarle al suplemento de las expectativas del otro y de hecho así se entiende en todo tipo de relaciones (se le es infiel a un grupo musical clásico cuando deja de ser escuchado por reeplazarlo por uno moderno, se le es infiel a la vainilla, no al comer chocolate, sino al migrar el favoritismo. Por poner algunos ejemplos más abstractos. Unos audídonos de alta fidelidad son los que se acercan a dar un sonido real, el esperado).
Desde hace mucho que no pongo hincapié respecto a la infidelidad en mis relaciones. Yo prefiero que alguien me sea leal a que me sea fiel. La fidelidad dentro de la sociedad se dá por convención y la lealtad por convicción además de que, por supuesto, una comunica más que la otra. Infiel no es quien besa o se acuesta con otra mujer, infiel es quien deja de aportar lo msimo a una relación, quien invierte sus prioridades, cambia sus expectativas. Infiel no es quien le coquetea a otras personas, infiel es, por ejemplo, un padre que se desentiende de lo que les pasa a sus hijos o la persona que en secreto está mas enamorada de otra que no es su pareja actual así no le haya tocado un pelo. La fidelidad, en el caso de aparecer, debería ser una consecuencia de la lealtad pero no visceversa, cómo normalmente lo es, una fidelidad obligada que no se rompe por no sentirse inmoral.
Nota: Utilizo la palabra amar para ser más claro. No la utilizo siendo riguroso pero ese es un asunto que trataré en un artículo futuro acerca de los conceptos no-paramétricos.
Fotografía por: Czar Kristoff